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Movimiento libre y Actividad autónoma


“¿Qué es el Movimiento Libre?

Se podría decir que el Movimiento Libre consiste en dejar que el bebé se mueva libremente y sin intervención del adulto. El movimiento se da de forma espontánea y autónoma. Al bebé/niño/a no se le coloca en ninguna posición a la que no haya llegado por sí mismo/a (salvo la inicial boca arriba) y en ningún caso se le exige, anima o incentiva a que realice ningún movimiento ni logre ninguna posición.  El movimiento del niño/a es libre y está liberado de cualquier voluntad ajena a sí mismo (movimiento autónomo).

Emmi Pikler (1902-1984) fue una pediatra húngara a la que en 1947 le encargaron la dirección del Instituto (orfanato) Loczy de Budapest. El Instituto Loczy acogía a niños y niñas desde el nacimiento a los 3 años como máximo y con una ratio de unos 10 infantes por adulto (…) Pikler construyó una pedagogía diferenciada en 2 tiempos fundamentales:



  1. Un vínculo seguro con la figura adulta a través de los cuidados cotidianos. Una relación adulto-infante de confianza que permita al infante sentirse tranquilo y satisfecho consigo mismo y con el mundo que le rodea. Una relación y una forma de comunicación efectiva que acompañe al bebé niño en el desarrollo de un sentimiento de competencia sólido y una personalidad armónica.
  2. El adulto prepara el material y el espacio para apoyar el desarrollo motor y la actividad autónoma y que el bebé/niño/a pueda desplegar sus capacidades, pero el adulto no coloca al infante en posiciones a las que no ha llegado por sí mismo.

¿En qué se basa el movimiento libre?


La actividad autónoma

La autonomía es una capacidad y una potencia que reside en todos y cada uno de nosotros, (…), el ser autónomo es un ser que conoce su propia potencia, su voluntad, que va en su búsqueda y que puede tomar decisiones de forma responsable. Y decía también que la autonomía, en tanto que autogobierno, es una conquista que podemos acompañar pero no podemos hacer por ellos y ellas.

Debe quedar claro que la autonomía es una capacidad y como tal se entiende como proceso, además ese proceso en tanto que autónomo debe estar marcado por el propio niño/a.

La autonomía, en tanto que autogobierno, no es obligatoria, es algo que se va dando cuando le damos confianza, tiempo, espacio y no intervenimos constantemente en la actividad del infante. Así mismo el niño/a no está obligado a realizar todas las actividades y movimientos por sí mismo. Puede decidir en cada ocasión, cómo, cuándo y cuál es el momento en el que desea ser ayudado.

Tampoco esto quiere decir que no debamos atender al niño o dejarlo a su suerte, es sumamente importante el acompañamiento de una figura de apego que le de seguridad y tranquilidad.

Tanto para Emmi Pikler como para el Instituto Loczy como para la que aquí escribe, no puede entenderse el Movimiento Libre» sin la cuestión de la autonomía.

Se podría decir que permitir a un infante moverse en libertad no solo va a favorecer que desarrolle una mejor salud corporal, en su fisiología, equilibrio y movimientos, sino que le va a conferir un mayor conocimiento de sí mismo y de sus posibilidades o límites, así como una mayor confianza en su capacidad de tomar decisiones, lo que también llamamos un sentimiento de competencia sólido.

Cuando le decimos a un niño/a cómo debe jugar o lo colocamos en cierta posición, estamos promoviendo su dependencia del adulto. Ya sea porque el pequeño/a va a buscar constantemente nuestra aprobación y no va a realizar los juegos o movimientos por propia iniciativa o placer, o porque lo estamos inmovilizando en el sentido más literal.

Los niños que son colocados en posiciones a las que no han llegado por sí mismos tampoco suelen saber salir de estas, por lo que la dependencia del adulto se establece como dinámica cada vez con más fuerza, además de que puede provocar estados de irritabilidad y frustración con más frecuencia que en niños/as que pueden moverse con libertad y de forma autónoma.

Decirle a un niño/a como debe jugar (otra cosa son los juegos de reglas que empiezan sobre los 3 o 4 años) es limitar su capacidad y su iniciativa espontánea de experimentación, descubrimiento, raciocinio, voluntad y creatividad.

De esta forma el niño pierde la confianza en sus iniciativas y en su capacidad de tomar decisiones. Puede tender a la pasividad y la inseguridad en sí mismo.

Un infante criado en el movimiento libre, por el contrario, podrá emplear todo este tiempo en explorar su propio cuerpo y su entorno con calma, tranquilidad y confianza en sí mismo”.


Romina Perez Toldi es pedagoga especializada en la primera infancia, formada en la Pedagogía Pikleriana en el Instituto Loczy y en las pedagogías del cuidado. Te invito a que leas el artículo completo y conozcas más sobre su trabajo en tetaaporter.com

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